Las cuatro paredes.

¿Sabes esas cuatro paredes? Tú sabes cuales. Las que dibujaste una y otra vez fantaseando, jugando contigo mismo, sin atreverte a pensar que fueran nunca a ser reales. Cuatro paredes que en sueños se fueron vistiendo, se llenaron de gente que las recorría, de ti caminando sus espacios en tu mente. Yo tengo esas paredes, primero las pensé y después, alzándose sobre lo imposible, las toqué, fueron reales, son reales. Y más verdad que las paredes, que los espacios que ellas definen, más verdad son los que las habitan. Mientras yo tiemblo preguntándome cuánto tiempo durarán, ellos las recorren y con su alegre inconsciencia, con sus caras de gozo, de paz, de tormenta interna que les abre mentes y corazones, ellos calman mis miedos y apartan mis fantasmas. No serían nada esas paredes si estuvieran vacías, tienen todo el sentido en cambio cuando están como ahora están, usadas, manchadas aunque sean nuevas porque hay muchos que las usan, que se apoyan y se refugian y encuentran entre ellas la dosis suficiente de verdad como para volver una y otra vez a vivirlas.
¿Se romperán esas paredes? ¿Las barrerá el absurdo, la demencia de un mundo que edifica pabellones desiertos para la mezquina gloria de un político de pueblo y destruye lugares vivos, llenos de cuerpos reales?
¿Permitiremos que esto suceda?

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