NUEVO DIÁLOGO ABSURDO





- ¿Qué has comido?
- Nada.
- Te lo noto en la cara... ¿Qué haces?
- Marcarme un tango.
- Por qué.
- Me pregunto si la milonga se bailará igual.
- Dime la verdad. 
- No he comido nada porque no hay nada para comer. 
- ¿Y entonces por qué te miro y me parece que rebosas?
- ¿Me estás llamando gorda o algo? 
- Hay que bajar a la calle. Hay que hacer la compra. Hay que rellenar la nevera. Se supone que ahora mismo ir al super es una fiesta y aquí ninguna abre la cochina puerta. ¿A que nos da miedo la calle? ¿A que renegamos de estas cuatro paredes y les hemos cogido el gusto? ¿A que nos paraliza pensar que todo lo suspendido, lo pospuesto, lo que retrasaron las circunstancias nos arrolle como un tren de mercancías? ¿A que nos da más miedo todavía salir y descubrir que ha desaparecido todo, que no queda nada de lo que tuvimos antes? ¿O que todo sigue igual, cada centímetro? ¿A que nos hemos vuelto agorafóbicas perdidas, que ya lo estoy viendo?... Tú has comido. Tú has comido algo, estoy segurísima. ¿Y qué? ¿Qué quedaba? ¿Te has hecho un arroz blanco? No..., no huelo nada, pero cada vez que te miro...
- Reboso. Ya lo has dicho antes. A lo mejor es porque estoy cogiendo un puntito buda. Lo de mirarse para dentro. Lo estoy practicando. Aburre un poco también te digo; una da para lo que da, pero sí, mirada interior. Rebosar, no sé yo, no sé si será para tanto, igual irradio algo, el puntito zen, como una guinda
- La del pastel
- ¡Sí!
- ¡Ay!
- Y es verdad que la calle, a veces la calle se echa de menos como idea. La posibilidad de la calle, eso me falta.
- Estoy desquiciada.
- Tienes hambre.
- Tengo hambre.


 

Comentarios

Entradas populares