La baba
No consigo despegarla, por eso la llamo baba. Porque la siento como una película viscosa que me rodea, me contiene, mancha lo que hago, hasta lo que pienso. Sería una mujer extraordinaria si pueda arrancármela de golpe, lavarme con agua clara y que ésta se la llevara, como se lleva el sudor cada mañana.
Hace poco ni siquiera podía escribir como es debido, ahora al menos las palabras quieren salir, aunque sean inexactas, dubitativas, desacertadas, algo comienza a desbloquearse porque al menos, me han vuelto las ganas de decir.
La baba está hecha de miedo, de incomodidad y también algo de rabia.
Son todas emociones a superar, lo se. Incómoda, rabiosa y amedrentada: ¿a dónde voy yo? No muy lejos, lo se.
Reír, pensar y actuar por instinto, dijo el sabio. Eso intento. Aunque a veces cueste verle la puta gracia a todo esto y pienses estrategias para tener que rehacerlas al día siguiente porque de nuevo han cambiado las circunstancias. Lo peor es lo del instinto, porque el mayor riesgo de vivir tan al límite es que te cuesta escuchar lo que dice tu instinto. Cuándo crees oír su voz, ¿qué oyes en realidad? ¿A tu miedo, a tu rabia, a tu mente que de tanto desbrozar obstáculos, buscar porqués, cómos, tanto analizar ha llegado al callejón sin salida de la impotencia? Hay una voz, sí, un ojo en medio de tu mente que sabe del mañana, que sabe de este instante, que es el que vale, y esa voz es alegre, confiada, resuelta, terca ante algunas evidencias, eco de otras que también cuentan. Esa voz insensata que dice: pa'lante, pa'lante es la que intento escuchar aunque a veces el miedo atenace, la rabia inunde y la baba, pesada que es la baba, se me pegue.
Hace poco ni siquiera podía escribir como es debido, ahora al menos las palabras quieren salir, aunque sean inexactas, dubitativas, desacertadas, algo comienza a desbloquearse porque al menos, me han vuelto las ganas de decir.
La baba está hecha de miedo, de incomodidad y también algo de rabia.
Son todas emociones a superar, lo se. Incómoda, rabiosa y amedrentada: ¿a dónde voy yo? No muy lejos, lo se.
Reír, pensar y actuar por instinto, dijo el sabio. Eso intento. Aunque a veces cueste verle la puta gracia a todo esto y pienses estrategias para tener que rehacerlas al día siguiente porque de nuevo han cambiado las circunstancias. Lo peor es lo del instinto, porque el mayor riesgo de vivir tan al límite es que te cuesta escuchar lo que dice tu instinto. Cuándo crees oír su voz, ¿qué oyes en realidad? ¿A tu miedo, a tu rabia, a tu mente que de tanto desbrozar obstáculos, buscar porqués, cómos, tanto analizar ha llegado al callejón sin salida de la impotencia? Hay una voz, sí, un ojo en medio de tu mente que sabe del mañana, que sabe de este instante, que es el que vale, y esa voz es alegre, confiada, resuelta, terca ante algunas evidencias, eco de otras que también cuentan. Esa voz insensata que dice: pa'lante, pa'lante es la que intento escuchar aunque a veces el miedo atenace, la rabia inunde y la baba, pesada que es la baba, se me pegue.


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