Un poco de veneno es necesario para llamar refugio al refugio.

Seguimos en el río, ahora a la deriva.
Amortiguada la pulsión del deseo,
flotar dejándome ir es un regalo envenenado.
Las células abrazan la corriente mansa.
La piel mojada recupera peso y busca los huesos otra vez.
Reposas, encuentras refugio, realmente encajas en este estuche precioso.
Y todo está en el cuerpo, las huellas, mientras te acoplas, suavemente, es tan fácil, tu cerebro pierde un hilo de luz.
Despacio, vas desangrándote.
A la deriva, dulcemente, te dejas ir.
El hilo luminoso sigue dibujando fuera de ti, y volverás a mirar, más tarde.

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