DIÁLOGO ABSURDO DOS

A- Dame la mano.
B- ¿Para qué?
A- ¡Qué susceptible! Es la mano. Me das la mano, nos apoyamos y todo es más fácil.
B- No estoy segura de que tener una mano ajena engrasando mi mano facilite nada.
A- Hay un insulto guardado entre tanta hostilidad, no lo dices, pero yo lo oigo. Hace daño y no quiero que nada me duela nada. Me canso del dolor, es todo duro, me agota.
B- Me pesan todos los roces, todas las manos.
(Pausa)
B- No me toques, no puedes hacerlo, nadie toca nada.Pero siento el peso, cada contacto frena y me gusta la velocidad, quiero correr más, nunca menos. Si corro como yo quiero veré todo lo que hay de norte a sur y de este a oeste. Quiero correr, ya pararé otro día. Cuando quiera parar, pararé. Ahora mi cuerpo vive impulsado hacia delante, quiero que mis pies apenas rocen el suelo, mantenerme arriba, sobrevolándolo todo, tiras de mí hacia abajo y eso me desespera.
A- Y no quieres correr sola.
B- No, no, quiero correr contigo.



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