Estar ahí.
Hay placer, es evidente. El gozo de dejarse ir por un camino dibujado con amor y oficio, el lujo de decir lo que quieres que sea dicho. En la escena descansas de las dudas, los temores y las ganas de dejar de hacerlo que te asaltan a cada minuto. No hay contradicción ahí. Hay pocos momentos en la vida tan absolutos, estás donde quieres estar, haces lo que quieres hacer y todo lo que venga después será la marea inevitable que provocaste con tu viento y asumirás los costes con alegría en los bolsillos. Los ojos húmedos que te han visto, los cuerpos que querían subir contigo a decir lo mismo forman parte ya de tu cuerpo, es extraño lo que une la escena al público, es desconocido y es íntimo, una alianza secreta que pertenece a ambos extremos del hilo.



Comentarios
Publicar un comentario