LUGARES DE PODER


Son lugares de poder. Yo los busco allí donde permanezco más de un par de horas. Cada cuál elegirá los suyos. Los míos suelen ser rincones, casi nunca ocupan el centro. Son sitios que no impiden el discurrir propio del lugar, algo que me gusta observar. Son perfectos si a ellos llegan las voces, a ratos los cuerpos de otras gentes, así cuando me quedo en Babia, que es a menudo, y aterrizo bruscamente se me apaga un poco la angustia solitaria. 
Ni pedestales, ni dianas, ni focos, ni escenarios, hablo de otra cosa, aquí no ejerces ningún mandato, no emanas ninguna luz, acaso la llama latente y cálida del reposo. Porque lo que aquí me sucede es que yo recargo mis poderes. 
Si algo registrara, no sé, algún artilugio electrónico, pudiera leer mi actividad neuronal, la velocidad de las imágenes, sorprendería a quién solo ve el aspecto que proyecta. Por dentro el viaje es multidireccional: simultanea y vertiginosamente, no hay uno, sino incontables mundos desarrollándose, unos tienen que ver con estímulos que llegan desde fuera y que como son recortes, vas uniendo como te da la gana, otros son los que se abren dentro, los recuerdos, las escenas que repasas, las cosas que te inventas, los textos que tienes a medias, las imágenes que aún ni tú entiendes y que por ahora son mudas y vuelven y vuelven. ¿Como algo que parece agotador recarga los poderes? Lo hace. No se porqué.

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