Las curvas de las horas




Mañanas que llueve y no sales y esperas al sol y cuando llega dejas lo que tienes entre manos y compras el pan oliendo la humedad de la calle.
Escribir a la hora de comer, dormir a la hora de trabajar y ensayar cuando beben cervezas y seguir mientras duermen y, al amanecer, recorrer la calle mojada y vacía, compartir autobús con las que van al primer turno, ellas con el sueño de las sábanas recién abandonadas, tú anhelándolas. Después no hay un lunes en el que pagar las consecuencias.
Puedo desordenarme y no pasa nada. No es que haya más tiempo, es que es algo más  ancho y dúctil.

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