La Confianza y La Broma Del Tiempo
Imaginad la pradera. Larga, anchísima. Un caballo que galopa por algún impulso antiguo y por el placer de sentir el viento. Sobre su lomo se posa un gallo blanco de cresta roja. Su capacidad de vuelo le basta para ondular al ritmo del caballo sin aferrarse a su crin; por eso es que se posa.
A veces el gallo se deja caer fuera del eje, una pequeña desviación, una indicación sobre el rumbo que a menudo el caballo ignora.
Esta disparidad de criterios no trae fricción: ¿cómo puede ser? Puede ser porque confían. La confianza se basa en hechos y en un reconocerse, instintivamente, como parte del mismo clan, la misma especie, la misma madre; siendo como son de distinto clan, distinta especie, distinta madre...
Y es que vives como un reconocimiento del pasado lo que es un reconocimiento del futuro, no es que venís del mismo sitio, es que vais al mismo lugar. En esos ojos que brillan no reconoces sucesos, compartes visiones.
A veces el gallo se deja caer fuera del eje, una pequeña desviación, una indicación sobre el rumbo que a menudo el caballo ignora.
Esta disparidad de criterios no trae fricción: ¿cómo puede ser? Puede ser porque confían. La confianza se basa en hechos y en un reconocerse, instintivamente, como parte del mismo clan, la misma especie, la misma madre; siendo como son de distinto clan, distinta especie, distinta madre...
Y es que vives como un reconocimiento del pasado lo que es un reconocimiento del futuro, no es que venís del mismo sitio, es que vais al mismo lugar. En esos ojos que brillan no reconoces sucesos, compartes visiones.


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