Vuelo.
Alfombra roja para entrar en el redil. Cabeza gacha, paso ligero, sin tiempo para preguntas, sigues el reflejo dorado. La música no es. Suena solo un murmullo de alientos cansados, los cencerros disonantes y la voz del amo imponiéndose.
Salir del cerco parece imposible, espinos en el alambre, en el suelo piedras punzantes. Aunque el impulso surge, no voy a esforzarme. Quieta, me concentro, despliego las alas, que de tan olvidadas chirrían en el primer movimiento, sin esfuerzo vuelo, no es trabajo, es hacer lo que sé hacer, dejarme ser lo que ya soy. No espero a nadie que no vuele.
Salir del cerco parece imposible, espinos en el alambre, en el suelo piedras punzantes. Aunque el impulso surge, no voy a esforzarme. Quieta, me concentro, despliego las alas, que de tan olvidadas chirrían en el primer movimiento, sin esfuerzo vuelo, no es trabajo, es hacer lo que sé hacer, dejarme ser lo que ya soy. No espero a nadie que no vuele.


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