ARDER · COMBUSTIÓN LENTA

Envuelta. En la crisálida, la sábana, las brumas de la tarde que vienen del mar. Envuelta en una suerte de silencio, mío, de mi propiedad. Hay veces que tu piel no es suficiente, ha dejado de ser piel, es aire. Tus labios se abren y las palabras resbalan, se deslizan, apenas vibran. Te vuelcas dentro, allí está la llama encendida, dentro, es pequeña, muy luminosa, sientes su calor y entiendes que no te envuelven aires, brumas ni silencios, es tu fuego mismo que prende, primero todos tus rincones, después el aire alrededor y estás envuelta, recogida, secreta, ardiendo despacio y todo el tiempo. Te consumes, renaces, mil veces en un segundo, y en todo hay calor, afirmación de vida, una contradicción que esperabas: que de tan pequeña llama mana sin pausa, lleva manando desde siempre, otro aliento, sin boca, por eso cuestan un poco las palabras, porque es otro aliento, traspasa, funde, tiene el poder que tiene lo que ha estado siempre.

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