ABSURDO CINCO
- No.
- Todavía no he preguntado.
- Y no.
- Es imposible que sepas lo que voy a decir.
- No lo necesito.
- ¡Qué prepotencia!
- ¿Sí? Yo lo que siento es pereza.
- Que esconde miedo.
- Ya te gustaría. (...) Ya solo el volumen de aire que desplazas, el que desplaza tu cuerpo , ese aire apartado de su sitio para hacerte sitio a ti, esa actitud tuya de ocupar espacio, ya me parece un insulto.
- Hasta ahí. No te tolero más. Es suficiente. ¿De qué te ríes?
- Hubo momentos en que esas mismas palabras realmente me hubieran supuesto algo. Un peso en las manos, en el pecho. Momentos en que ese desprecio tuyo me arrastraba hasta el fondo durante días. Pero estoy curada.
-¿Curada?
- De la tontería. No hay persona en este mundo que merezca ser el baremo de mi valía. Mi precio no está en tus ojos, en los ojos de nadie, entre otras cosas porque valgo tanto que no hay dinero en el mundo.
-¿Y si te compro?
- ¿No oyes? No puedes.
- Oigo, y no creo ni una palabra de lo que dices. Imagina que voy sacando billetes, que los voy poniendo en un montón uno sobre otro, imagina que el montón va creciendo.
- ¿Billetes de cuanto?
- No sé. Pongamos que de cincuenta. ¿Qué haces?
- Tumbarme, para empezar a pensármelo despiértame en tres horas. Los billetes de cincuenta son pequeños, tienes que sacar y sacar para que me apetezca mirarlos siquiera. (...) Como no empieces pronto no acabaremos nunca.
- No voy a comprar tu cariño con dinero.
- ¿Ah, pero pensabas hacerlo? ¿Comprar mi cariño? Haces bien entonces, ni lo intentes, pensaba que ibas a comprarme a mí, para ser justa iba a considerarlo seriamente, cuando el montón llegara al techo, pero mi cariño... ¿Sabes el amor? El amor es un agua, a tu cuerpo es permeable, rellena los huecos, limpia las impurezas, es conductor de corriente, lubricante, gasolina para cualquier movimiento. Si no amo no me muevo. ¿Para qué? Me he soltado de ti, nunca del amor.
- Amarás a otros.
- Amaré al aire, a mi misma, al silencio, al sol y a cualquier maldito detalle que me estremezca.
- Eso es poesía.
- ¿Y?
- Satisfacción momentánea. Te haces una pajilla y te quedas tan a gusto. Cuatro frases sonoras con las que pareces decir algo, que tú mismo te crees durante un rato y después ¿qué? Después nada, se las come el aire, te abandonan y ahí te quedas mirando bobamente la nada.
- Bobamente... Tú si que eres todo amor.
- Y tú te crees que acabas de descubrir América. Llevo siendo así desde siempre.
- ¿Qué cosa, eh? Como nos secuestra la estupidez. Es cierto, siempre ha sido lo mismo, cómo lo he soportado hasta ahora...
- Por eso mismo tendrías que quedarte un poco más, y averiguar por qué hasta ahora te gustaba.
- Me importa un bledo. Un huevo seguido del otro. Dos huevos me importa. Ni un minuto más de mi precioso tiempo gastaré en este planeta.
- ¿Qué planeta?
- Tu planeta, este secarral.
- ¿Te das cuenta de que algo no marcha como debiera? ¿Que tienes que estar mintiendo como un bellaco? No puedes parar quieto, son los remordimientos, la culpa que te corroe.
- No. Son las alas. Crecieron en cuanto me dí la vuelta. Son mías, de mi cuerpo, han estado siempre en estado larva, latente. Me picaba aquí muchas veces. Pensaba que era dermatitis y eran las alas. Los muñones de las alas chillando con vocecitas de muñón: ¡déjanos salir, déjanos salir! Tenemos raíces y tenemos alas.
- Tenemos pies y cabeza, pies y manos, pies y pelo.
- También.
- Todavía no he preguntado.
- Y no.
- Es imposible que sepas lo que voy a decir.
- No lo necesito.
- ¡Qué prepotencia!
- ¿Sí? Yo lo que siento es pereza.
- Que esconde miedo.
- Ya te gustaría. (...) Ya solo el volumen de aire que desplazas, el que desplaza tu cuerpo , ese aire apartado de su sitio para hacerte sitio a ti, esa actitud tuya de ocupar espacio, ya me parece un insulto.
- Hasta ahí. No te tolero más. Es suficiente. ¿De qué te ríes?
- Hubo momentos en que esas mismas palabras realmente me hubieran supuesto algo. Un peso en las manos, en el pecho. Momentos en que ese desprecio tuyo me arrastraba hasta el fondo durante días. Pero estoy curada.
-¿Curada?
- De la tontería. No hay persona en este mundo que merezca ser el baremo de mi valía. Mi precio no está en tus ojos, en los ojos de nadie, entre otras cosas porque valgo tanto que no hay dinero en el mundo.
-¿Y si te compro?
- ¿No oyes? No puedes.
- Oigo, y no creo ni una palabra de lo que dices. Imagina que voy sacando billetes, que los voy poniendo en un montón uno sobre otro, imagina que el montón va creciendo.
- ¿Billetes de cuanto?
- No sé. Pongamos que de cincuenta. ¿Qué haces?
- Tumbarme, para empezar a pensármelo despiértame en tres horas. Los billetes de cincuenta son pequeños, tienes que sacar y sacar para que me apetezca mirarlos siquiera. (...) Como no empieces pronto no acabaremos nunca.
- No voy a comprar tu cariño con dinero.
- ¿Ah, pero pensabas hacerlo? ¿Comprar mi cariño? Haces bien entonces, ni lo intentes, pensaba que ibas a comprarme a mí, para ser justa iba a considerarlo seriamente, cuando el montón llegara al techo, pero mi cariño... ¿Sabes el amor? El amor es un agua, a tu cuerpo es permeable, rellena los huecos, limpia las impurezas, es conductor de corriente, lubricante, gasolina para cualquier movimiento. Si no amo no me muevo. ¿Para qué? Me he soltado de ti, nunca del amor.
- Amarás a otros.
- Amaré al aire, a mi misma, al silencio, al sol y a cualquier maldito detalle que me estremezca.
- Eso es poesía.
- ¿Y?
- Satisfacción momentánea. Te haces una pajilla y te quedas tan a gusto. Cuatro frases sonoras con las que pareces decir algo, que tú mismo te crees durante un rato y después ¿qué? Después nada, se las come el aire, te abandonan y ahí te quedas mirando bobamente la nada.
- Bobamente... Tú si que eres todo amor.
- Y tú te crees que acabas de descubrir América. Llevo siendo así desde siempre.
- ¿Qué cosa, eh? Como nos secuestra la estupidez. Es cierto, siempre ha sido lo mismo, cómo lo he soportado hasta ahora...
- Por eso mismo tendrías que quedarte un poco más, y averiguar por qué hasta ahora te gustaba.
- Me importa un bledo. Un huevo seguido del otro. Dos huevos me importa. Ni un minuto más de mi precioso tiempo gastaré en este planeta.
- ¿Qué planeta?
- Tu planeta, este secarral.
- ¿Te das cuenta de que algo no marcha como debiera? ¿Que tienes que estar mintiendo como un bellaco? No puedes parar quieto, son los remordimientos, la culpa que te corroe.
- No. Son las alas. Crecieron en cuanto me dí la vuelta. Son mías, de mi cuerpo, han estado siempre en estado larva, latente. Me picaba aquí muchas veces. Pensaba que era dermatitis y eran las alas. Los muñones de las alas chillando con vocecitas de muñón: ¡déjanos salir, déjanos salir! Tenemos raíces y tenemos alas.
- Tenemos pies y cabeza, pies y manos, pies y pelo.
- También.



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