La última mohicana y David Linch
Jerónimo fue un apache chiricagua. Lo digo porque molaba que mi mohicana se llamara Jerónima;
no ha cuajado. El tiempo se pliega como una fotografía a doble página. Cuando David Linch era pequeño vivió en una casa tranquila y moderadamente feliz (hay monstruos que nacen de la horrorosa normalidad), donde se estimulaban las ganas de hacer, literalmente, construir con tus propias manos, y tu cabeza.
- Quiero hacer... , decía él.
- ¿Qué necesitas? Preguntaba su padre.
Herramientas, materiales y construir. Ver cómo las cosas nacen de tus manos. Construir el espacio donde sucede todo; una txabola,un estudio, un cobertizo. La última mohicana emprende el último camino, alguno tiene que ser el último, no hay garantías y por eso quiere establecerlo así: este es el último. En lugar de prisa lo que invade es calma. Disolverse. Hacerse charco y dejar que el sol haga su trabajo, ascender... la rueda sigue. La última mohicana hace, camino, hace, conexiones, toca, contacta, con tacto, toca.



Comentarios
Publicar un comentario