Gorda
No creo que desear sea sinónimo de tener. Lo que experimento es que ciertos deseos, los que queman y al mismo tiempo perduran, (generalmente lo que quema pasa rápido), estos deseos que quemando perduran, suelen acabar llegando. Cuando los tienes descubres que eso... no era todo. Llevo 50 años amaneciendo con un mismo deseo en mi mente. Cada mañana, según se encendía la consciencia llegaba el pensamiento doble, como un hacha de doble filo: el amor y el odio hacia mi propio cuerpo, eso los mejores días, los peores el asco mismo. El asco es un instinto primigenio diseñado para la supervivencia dentro de la comunidad. El asco es un instinto con vertiente social: el grupo diseña que es lo repulsivo en cada momento. Amanecer rechazando visceralmente lo que llevarás puesto todos los segundos del día, le quita a ese día, de golpe, cualquier atractivo. Y aún así, vives el día, y eres capaz de vivirlo porque cambiar de cuerpo no es tu único deseo quemante, convive con otros que te salvan.
Un día lo consigues, no llega sólo, abandonad toda esperanza (sentimiento/actitud repulsiva de veras: la esperanza/esperar), no llega de repente un día; un día lo consigues, eres tú, lo consigues y sí, se te quita un peso de encima, amaneces y son otras ideas en la cabeza, y... eso no era todo, no llegó el paraíso ni el nirvana y queda lo más difícil, queda el ritmo, el tipo de construcción, la inercia que generan 50 años de reacción al primer pensamiento de la mañana, impresos en tu cuerpo como un hierro al rojo. Liberarse de esa cadena de pensamiento, salirse de esa rueda es el paso siguiente, cuando llegue, si la distancia lo permite, cuando llegue es probable que eso... tampoco sea todo.


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