La locura de la piedra.


Amenaza la bruma de los días como cuentas del collar interminable. Habrá que elegir, cuidadosamente, cada piedra, antes de engarzarla, o dejar huecos, y que corra el aire, o detenerse, y que nada corra, elevarse, romper la cuerda, que las cuentas bailen, que rueden como locas, ¿qué locura hay en la piedra? ¿Estallar en mil pedazos? ¿Dejarse romper por las flores? ¿Ablandar la esencia, abrirla a nuevas vibraciones, dejar que tiemble, paladear ese momento antes del fondo, justo antes, cuando brilla todo?

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