La danza.
Haciendo las cosas de una en una:
- cada acción recobra su verdadera dimensión y su orden en la escalera de las cosas,
- la mirada se vuelve hacia dentro. En lo alto de la escalera estás tú, como centro del mundo y como meta a alcanzar.
A pesar de ser rigurosamente cierto, nunca llegaremos a otro puerto salvo a nosotros mismos, verse en lo alto como una diosa tiene un lado ridículo que a mí me cuesta admitir por eso mi mirada tiende a escapar y buscar el centro en otros lugares.
Colocarse en el centro es valiente y peligroso. En el centro cada movimiento se pone en cuestión y después llega lo peligroso:
- o nace la risa escéptica y danzas en la duda continua, buscando belleza y armonía, haciendo que los saltos que das de piedra en piedra, con los que te salvas de ahogarte en la corriente atroz del río compongan una coreografía bella y emocionante,
- o nace el dictador rencoroso, la tirana rencorosa portadora de la verdad absoluta que le imprime esa conexión directa con el centro de mi yo.
Entre las dos opciones, es más trabajosa la primera, es dejarse caer a pesar del vértigo, la segunda.
- cada acción recobra su verdadera dimensión y su orden en la escalera de las cosas,
- la mirada se vuelve hacia dentro. En lo alto de la escalera estás tú, como centro del mundo y como meta a alcanzar.
A pesar de ser rigurosamente cierto, nunca llegaremos a otro puerto salvo a nosotros mismos, verse en lo alto como una diosa tiene un lado ridículo que a mí me cuesta admitir por eso mi mirada tiende a escapar y buscar el centro en otros lugares.
Colocarse en el centro es valiente y peligroso. En el centro cada movimiento se pone en cuestión y después llega lo peligroso:
- o nace la risa escéptica y danzas en la duda continua, buscando belleza y armonía, haciendo que los saltos que das de piedra en piedra, con los que te salvas de ahogarte en la corriente atroz del río compongan una coreografía bella y emocionante,
- o nace el dictador rencoroso, la tirana rencorosa portadora de la verdad absoluta que le imprime esa conexión directa con el centro de mi yo.
Entre las dos opciones, es más trabajosa la primera, es dejarse caer a pesar del vértigo, la segunda.


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