Trascender.

No hay secretos. Sólo las ganas y la voluntad de trascender, no a la inmortalidad o la gloria, no. Simplemente el deseo de traspasarse a sí mismo, salir de los límites reducidos y necesariamente raquíticos de mi propia piel y beber, recibir, comulgar, navegar por los mares de otros, abrir los ojos y las manos, caminar senderos nuevos a los que me conducen otros pies. Compartir. Dará igual que algunos pasos sean erróneos, que pasemos por parajes insulsos o equivocados, que tu cuerpo me queme, me moleste o me olvide. Esto dura cuatro telediarios. No llevo la contabilidad de relaciones o experiencias positivas o negativas, no hay debe ni haber. No aspiro llevarme a la tumba una cifra redonda con muchos ceros que cuente los éxitos y reste los fracasos. Vivo ahora y vivo hoy. Si ahora comparto, vivo y aprendo, si ahora trasciendo, me percibiré plena y plena espero desaparecer.

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